Así fue nuestra visita a El Oso

Parecía extraño hacer una excursión a un pueblo en medio de la estepa castellana que se llamara precisamente «El OSO». Pero ahí está, en la comarca de La Moraña, rodeado de pinares, cultivos de cereal y un montón de pequeñas lagunas donde descansan, se reproducen y hasta viven todo el año, especies de las que jamás habíamos oído sus nombres antes.

Es impresionante la variedad de aves, mamíferos, reptiles y anfibios que gracias al esfuerzo conservacionista de instituciones y vecinos de esta comarca continúan teniendo estas lagunas como referencia en sus migraciones de una parte a otra del mundo. O para vivir, gracias precisamente a ese ir y venir de las aves que les proporciona a muchas otras especies el sustento necesario para vivir aquí ya durante todo el año.

De verdad es digno de conocer y más si es de la mano de los expertos del «Centro Lagunas de Moraña» que nos dieron toda clase de explicaciones sobre la riqueza que luego tuvimos oportunidad de observar a unos metros de distancia, ya en el campo con los prismáticos. No sin antes dejar de subir a la gran torre, que desde el propio Centro, permite ver las vistas alrededor del pueblo a «vista de cigüeña», te lo aseguro.

Y mira por dónde, desde lo alto de esta torre, podrás ver el oso, porque sí, resulta que tienen un oso de verdad, que por supuesto exhiben orgullosos a pie de su preciosa iglesia, maridaje ésta del mozárabe y el barroco,  y que custodia a su entrada este singular oso, que en realidad es un magnífico verraco vetón contemporáneo, de sus famosos primos de Guisando. 

¿Y en el pueblo que vimos además del Oso? 

Pues lo primero su gente, amable y abierta, que nos recibió a este montón de locos visitantes con sonrisa sincera y nos acompañó en todo momento en nuestra visita por las calles de esta villa convertida en MUSEO AL AIRE LIBRE por sus propios vecinos, que han construido, por sus calles y plazas, espacios escultóricos únicos al aire libre, que llaman «ISLAS«, haciendo del paseo por por el pueblo un verdadero viaje iniciático en el que el visitante que tenga la sensibilidad necesaria, podrá descubrir sin problema los sentimientos ancestrales que han unido durante siglos y siguen uniendo todavía a esta gente morañés con su tierra, con sus lagunas y con sus «pájaros».

Nos llevamos con profundo cariño de esta visita el recuerdo de VIVIANA, a quien conocimos sentada en un banco de la plaza, al sol, contándonos sonriente las cosas del pueblo y de su gente. De la concejala y su marido, que nos relataron cómo se trabajaba antes en el campo, se sol a sol, sin hacer distingos entre los lunes y los domingos. O JUANJO, que tras pasar su vida adulta en Madrid ahora disfrutaba su jubilación de vuelta a su pueblo, matando el tiempo paseo arriba paseo abajo.

Y por supuesto, nuestro agradecimiento a Juan Carlos, que nos recibió a pie de las lagunas para mostrarnos su trabajo como ornitólogo voluntario en las mismas. A JUSTO, vecino del pueblo que fue quien nos ayudó a organizarlo todo. Y por supuesto a Ignacio Asenjo Fernández, Doctor en Bellas Artes, encargado de la dirección y ejecución de las piezas escultóricas, natural del propio pueblo, quien nos presentó, una a una, todas y cada una de las islas escultóricas, su sentido, su historia y su proceso de creación. Todo un lujo poder conocer el arte de la mano de quien lo ha «parido» y por ello lo puede presentar con tanto conocimiento como pasión.

Ha sido toda una experiencia entrañable, que de verdad, si no has conocido todavía, te invitamos a que lo hagas cuanto antes. Es un pequeño tesoro este pueblo y esta comarca y lo tenemos a 30 minutos de La Cerca y a 1:30 h de Madrid. 

Y para que quede ahí en en el recuerdo de esta visita, os dejamos unas cuantas fotillos:

                           

¿Quieres ver más fotos? Pincha aquí

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *